Presencias (casi) humanas

 

Esta serie explora el resultado de sustituir una presencia humana por otra animal, algo que empezó como un experimento inquietante y fue cobrando fuerza, creando imágenes con un aire onírico, de realismo mágico que siempre me ha fascinado.

Varias piezas vienen acompañadas de un microrrelato que escribí mientras lo pintaba. En algunos casos, esos microrrelatos dieron lugar al cuadro y en otro fue al revés.

Esta percepción de estos animales desde un nuevo punto de vista puede llevar a plantearnos el papel y el trato que le damos a los animales en la sociedad contemporánea.

 

Quiteria Romero - Presencias casi humanas - Buenas compañias

"Buenas compañias"
Pastel sobre papel
50 x 65 cm
2007

Quiteria Romero - Presencias casi humanas - Los preparativos

La escena se repetía cada tarde.
El baño, desenredarse en cabello, peinarse, un poco de perfume.
Una vez listas, salían a pasear y entonces el pueblo entero se rendía a sus pies.
Todos dejaban por un momento lo que estuvieran haciendo para verlas.
Los niños se arremolinaban alrededor de ellas.

Cuentan que hubo un escritor extranjero de visita en el pueblo que quedó cautivado y al regresar a su tierra escribió una novela hablando de ellas.

Un día, alguien las vio marchar al amanecer.
Caminando.

No volvieron a verlas. Pero algo había cambiado ya en todos los habitantes del pueblo.

Algo que nadie puede explicar.

"Los preparativos"
Pastel sobre papel
50 x 65 cm
2007

Quiteria Romero - Presencias casi humanas - Ruta 66

La ruta 66 es una de las carreteras más largas de Estados Unidos.
Cruza todo el país, de este a oeste.
Hace unos años, recorriéndola, coincidí allí con una mujer que viajaba con una mona.
Hicimos parte del trayecto juntos y entablamos cierta amistad.
Por las noches, la mujer contaba historias de tierras lejanas a la luz de la hoguera.
Luego, yo seguí mi camino y ellas el suyo.

Años después, me contaron que las vieron muy lejos de allí. En otro país. En otro continente.
Comprendí entonces que en realidad no se dirigían a ningún lado.
Que aquello que se iban encontrando por el camino era el fin último de ese eterno viaje a ninguna parte.

Si alguno de ustedes se cruza con ellas algún día, por favor, trátenlas con cariño.

 

"Ruta 66"
Óleo sobre lienzo
146 x 97 cm
2007

 

Quiteria Romero - Presencias casi humanas - Escena familiar

"Escena familiar"
Acrilico sobre lienzo
146 x 97 cm
2008

Quiteria Romero - Presencias casi humanas - Confidencias

"Confidencias"
Lápices de colores sobre papel
21 x 30 cm
2008

Mercedes Patrón - Presencias casi humanas - Playa victoria

"Playa Victoria"
Óleo y acrílico sobre lienzo
146 x 97 cm
2008

Quiteria Romero - Presencias casi humanas - El niño

Había que coger un autobús.
Algunas veces, el conductor les decía que no podían subir al niño. Entonces, entre las tres se las tenían que arreglar para convencerle, pero al final siempre lo conseguían.
El autobús atravesaba toda la ciudad. Llegando a las afueras estaba la parada donde se bajaban. Entonces había que caminar un rato y, por fin, allí estaba.
Abandonado.
Castigado por el paso del tiempo.
Parecía increíble que algún día hubiera estado lleno de gente.
Y más increíble fue descubrir que con un poco de ingenio, accionando los interruptores adecuados, la mayoría de aquellas atracciones aun seguían funcionando.

Entonces comenzaba la fiesta: el tiovivo, los autos de choque, la noria... Todo en exclusiva para ellos cuatro.

Alguna vez, el niño se resistía a montarse en la noria y entre las tres tenían que subirle en volandas.
Desde allí arriba podía verse toda la ciudad a lo lejos. El tiempo parecía detenerse entonces. Hasta el niño parecía dejar de estar asustado y se quedaba absorto contemplando el paisaje.

Solo por ese momento merecía la pena esperar toda la semana.

(A mi hermano David)

"El niño"
Óleo sobre lienzo
146 x 114 cm
2009

Quiteria Romero Mercedes Patron - Presencias casi humanas - Lo que dura la felicidad

"Lo que dura la felicidad"
Acrilico y oleo sobre lienzo
146 x 97 cm
2009

 

 

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